Me gusta el Crossover.... #y_qué

El pasado 26 de diciembre, al calor de las fiestas decembrinas y el bochorno veraniego propio de Medellín en la época de fin de año, estuve en la fiesta de clausura de una disco que para algunos fue un hito y para otros simplemente una mas de los lugares de rumba de existencia pasajera en el frívolo y caprichoso ambiente Gay de la capital Paisa.
SPLASH abrió sus puertas hace tres años en el sector de Barrio Colombia, una zona industrial donde los talleres mecánicos y empresas de confecciones comparten el espacio con algunas de las discotecas mas animadas de la ciudad. El lugar fue concebido como una discoteca Gay con música 100% house y el éxito fue inmediato... No es exagerado afirmar que en Splash se dieron cita cada fin de semana algunos de los hombres mas lindos de esta ciudad donde la belleza masculina aparece a la vuelta de cualquier esquina.
Aun sin ser el mayor aficionado a la rumba electrónica, el consumo de Popper o el volumen excesivo para mi gusto, no pensaba quedarme por fuera de la diversión. Sin embargo, en escasos dos años la fórmula ya mostraba síntomas de agotamiento: Que la misma música, las mismas fiestas, la atención deficiente... Y especialmente la extraña ausencia de niños lindos, que al final de cuentas fueron el activo intangible mas valioso del lugar.
La fiesta de clausura logró como por arte de magia revivir los buenos tiempos: sitio atestado (de belleza varonil por supuesto), la estridencia de la música que esta vez no me dejó aturdido (será que ya me estoy empezando a quedar sordo) y la misma ruleta de vanidades, para determinar el hombre con mejor cuerpo, la cara mas linda, la pinta mas fashion y todas esas cosas supuestamente tan banales pero que en el fondo a todos nos encantan (o al menos a la Diva escondida que llevamos dentro).
Son las tres de la mañana, pero la noche aun es joven... Como en romería, muchos terminamos en la ultima atracción en furor por estos días: La Pollera: otra bodega acondicionada como discoteca ubicada en el sur de Valle de Aburrá, con una ambientación bastante chabacana, que mas bien asemeja heladería de pueblo de tierra caliente, donde impunemente brillan las lucecitas navideñas durante todo el año y que para mas señas deleita los asistentes con un amplio repertorio de música de moda (de todas las épocas), sin que falten los Merengues chochaleros de Eddie Herrera, algún tema para planchar de Pandora o los éxitos parranderos de Los Cantores de Chipuco.
No puedo dejar de pensar que en el fondo de casi todo Paisa, por muy fashion y postmoderno que se crea, todavía habita el malandro de arrabal amante de los tangos y el aguardiente, o quizás la gallina ilusa, seguidora de culebrones venezolanos y las rancheras a grito herido de Juan Gabriel.
Una de las ventajas de llegar a cierta edad dentro del ambiente Gay, es que ya no hay honra que guardar ni reputación que cuidar... Lo cual hace posible disfrutar sin prejuicios, expresar sin temores y dejar atras tantos estereotipos propios de Jovencitos con mas músculo que cerebro y mas inseguridades que convicciones.
No faltará quien piense que sitios como La Pollera son mañes y ordinarios, yo no tengo problema en reconocer que me encantan, que prefiero la música tropical al golpeteo electrónico toda la noche... Y sobre todo los hombres normalitos a los modelitos pretenciosos.
SPLASH abrió sus puertas hace tres años en el sector de Barrio Colombia, una zona industrial donde los talleres mecánicos y empresas de confecciones comparten el espacio con algunas de las discotecas mas animadas de la ciudad. El lugar fue concebido como una discoteca Gay con música 100% house y el éxito fue inmediato... No es exagerado afirmar que en Splash se dieron cita cada fin de semana algunos de los hombres mas lindos de esta ciudad donde la belleza masculina aparece a la vuelta de cualquier esquina.
Aun sin ser el mayor aficionado a la rumba electrónica, el consumo de Popper o el volumen excesivo para mi gusto, no pensaba quedarme por fuera de la diversión. Sin embargo, en escasos dos años la fórmula ya mostraba síntomas de agotamiento: Que la misma música, las mismas fiestas, la atención deficiente... Y especialmente la extraña ausencia de niños lindos, que al final de cuentas fueron el activo intangible mas valioso del lugar.
La fiesta de clausura logró como por arte de magia revivir los buenos tiempos: sitio atestado (de belleza varonil por supuesto), la estridencia de la música que esta vez no me dejó aturdido (será que ya me estoy empezando a quedar sordo) y la misma ruleta de vanidades, para determinar el hombre con mejor cuerpo, la cara mas linda, la pinta mas fashion y todas esas cosas supuestamente tan banales pero que en el fondo a todos nos encantan (o al menos a la Diva escondida que llevamos dentro).
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Comentarios
Y quien dijo acasoq ue uno no se la goza con un buen merengue, una cumbia con pollera imaginaria y un mapalé bien bailado que deja entrever la capacidad motriz del bailarin de turno?
Para cada gusto hay sabor y en cuestión de música, Colombia tiene mucho mas sabor del que podría imaginarse, más si a eso se le agrega el envidible clima nocturno de Medellín y la hermosura de sus hombres.
Como comentario al margen contextaualizado en splash: uno puede morir sin haberse fumado un cigarrillo en su vida, pero no debería hacerlo sin haber probado una pepa.... cosa de locos.
Un abrazote.
Y a mi tambien me gusta el cross over!
Saludos