viernes, julio 02, 2010

La Otra Fiesta del Orgullo


El pasado domingo 27 de Junio celebramos en Medellín la Marcha por la Vida y la Diversidad Sexual... O mejor dicho el Día del Orgullo Gay.

Hoy no me referiré a los aspectos obvios de la Diversidad que nos identifica o el Orgullo que nos convoca; tampoco me desgastaré cuestionando el desatino de tener en esta ciudad dos marchas simultaneas por una rivalidad pusilánime entre organizaciones con afán de protagonismo y mucho menos intentaré justificar el relajo de mil demonios que algunas locas en estado de frenesí arman en la vía pública con la excusa de ondear la banderita del arco iris.

El retraso de la celebración del Día del Padre para no coincidir con las elecciones presidenciales en Colombia y que terminó siendo festejado el mismo día de nuestro desfile se confabularon para proporcionar el material de esta publicación.

Este post está dedicado a mi Papá: Todo un VARÓN (Si, así con mayúsculas) del cual me siento enormemente orgulloso.



Como casi todos los adolescentes (sean gay o no) yo también tuve mis años de distanciamiento con Papá; nuestras discusiones se acrecentaron en la época que trabajé en el negocio familiar y era un gallito insolente recién salido de la universidad que le restregada en la cara el título (que el mismo me había pagado), para recordarle que estaba en capacidad de hacer las cosas mucho mejor de lo que él mismo las había hecho durante buena parte de su vida.

A la natural brecha generacional se sumaron nuestras diferencias sobre la orientación que debía tener la empresa y para rematar aparece la revelación de mi preferencia por la compañía masculina; para evitar que semejante cóctel explosivo terminara por destruir la precaria unidad familiar fue necesario marcar linderos y establecer distancias. Ante la disyuntiva de renunciar al trabajo o armar rancho aparte opté por la segunda y me fui a vivir independiente, que al fin y al cabo era uno de mis sueños desde la época universitaria.

Con el paso del tiempo y cediendo de parte y parte, Papa y Yo aprendimos a soportarnos mutuamente en un precario equilibrio que se mantuvo durante el tiempo que trabajamos juntos; con respecto a mis preferencias a la hora de buscar pareja, cualquier día mucho después de que ya estaba viviendo por mi cuenta y tal vez cuando concluyó que no me echaría completamente a perder, me dijo que respetaba mis decisiones y aunque no las entendiera al menos me abonaba que había sido sincero y se lo había contado... Luego de estas simples pero contundentes palabras no se habló nunca más del tema.

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A mucho orgullo puedo afirmar que por mis venas corre sangre Paisa de pura cepa, con ancestros fundadores de pueblos y una sucesión interminable de primos en primero y segundo grado repartidos por todo el Suroeste Antioqueño; de otra parte la sabiduría popular indica que familia Paisa que se respete tendrá en su haber un cura, una mujer de conducta disoluta y por supuesto un maricón (que en el caso de mi familia no era solamente yo).

Mi primo Samuel (para ser más exactos primo de papá), es un personaje que ha venido haciendo de las suyas desde los años sesenta del siglo pasado para repudio de los viejos patriarcas y el escándalo de las tías santurronas.

En este pueblo donde todo se sabe (especialmente cuando uno está de culipronto asistiendo a cuanta rumba lo invitan), no transcurrió mucho tiempo antes de que Samuel se enterara que su primito andaba en circulación; como quiera que fuere me contactó a través de un amigo común y manifestó su deseo de verme para lo cual organizó una reunión... Yo por mi parte asistí mas por curiosidad que por lazos filiales ya que escasamente nos habíamos visto en unas cuantas ocasiones y difícilmente habíamos cruzado palabra; sin embargo una cosa es haber oído en los cotilleos familiares las especulaciones sobre la vida privada del ayer seminarista arrepentido transformado solterón empedernido y otra muy diferente tener confirmación de primera mano sobre las conductas invertidas de los de tu propia sangre.

Como dice el refrán: "Entre más primo más me arrimo", así que nos hicimos buenos amigos y rápidamente pasé a ser uno de los habituales en su casa donde disfrutaba de las excepcionales dotes de anfitrión que Samuel había heredado de su madre.

Al siguiente diciembre no solo agasajó a sus amigos como de costumbre, sino que además se le ocurrió preparar una novena bailable para toda la familia donde asistieron más invitados que a un entierro... Como es de imaginar la fiesta tuvo muy poco del recogimiento propio de la gente decente y más bien hubo regalos por doquier para los niños y mucho licor con frituras de altos niveles de colesterol para los mayores.

Samuel gentilmente me invitó junto con mis papás aclarando que también podía llevar a mi novio pues al fin y al cabo ya se conocían y como para esa época teníamos un buen tiempo de salir juntos no le pareció inconveniente. Al calor de la noche y cuando la fiesta estaba en pleno apogeo, una de esas primas que solamente se conocen de vista quedo gratamente impactada con Mi Hombre luego de varias piezas de baile en las que se entendieron maravillosamente; más tarde mientras hacía las averiguaciones de rigor sobre el recién llegado, Samuel con su risita burlona le dejó claro que no perdiera su tiempo y más bien se buscara otro porque yo le había tomado la delantera e incluso éramos pareja.

Nunca supe si Samuel tuvo el mal tino de lanzarme al ruedo producto de los tragos que tenía entre pecho y espalda o quizás yo le había proporcionado sin proponérmelo la oportunidad dorada para sacarse el clavo que estuvo soportando durante tantos años cuando se pensaba que era el único marica de la familia; el hecho es que en menos de lo que canta un gallo todos los asistentes a la fiesta estaban al tanto del asunto y al otro día hasta las ramificaciones más lejanas de la familia paterna en varios municipios a la redonda daban cuenta del jugoso chisme

Ante las señales del inminente escándalo Papá tomó el toro por los cuernos y armándose de valor se presentó en casa de cada uno de sus hermanos y con una valentía inconmensurable les dio a todos la cara y les confirmó que el rumor era cierto... No solamente ratificó que me gustaban los hombres sino que además ya estaba viviendo con uno; asimismo aclaró que sin importar lo que todos pensaran yo seguía siendo su hijo y de su parte nada había cambiado. Finalmente en su calidad de hermano mayor y cabeza visible de la familia no solo esperada si no que también exigía de todos el respeto por mis decisiones de la misma manera que él lo había hecho.

Mi padre es un hombre de honor a la vieja usanza y nunca me habló del asunto, yo solamente me enteré de los hechos por intermedio de mama que me los relató tal y como están escritos mucho tiempo después.

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Papá ya no es el hombre vigoroso que me inspiraba temor cuando era niño, ni tampoco el antagonista con el cual tenía discusiones interminables por cualquier tontería; con los años ha ido perdiendo la lucidez y sufre los achaques propios de su edad.

Que este año la Fiesta del Orgullo Gay y el Día del Padre fueran celebrados el mismo día tuvo para mí una connotación muy especial, y más allá de ondear los colores del arco iris o tener una buena excusa para armar la rumba, es el momento de expresar que me siento Orgulloso hasta el tuétano de que me hubiese tocado en suerte un padre con la entereza carácter y la solidez de principios que La Providencia me ha regalado.

Te quiero mucho Papá.